Entrevista a Jesús M. Castillo
Hay muchos cauces con un pH bajísimo, extremadamente ácido. Por ejemplo, merece la pena dar un paseo por São Domingos. La mina está en Portugal y desemboca en el embalse del Chanza. Son varios kilómetros de agua cristalina, transparente, que con el calor dan ganas de beber… pero si metes allí un pollo, no dura un día. Se descompone rapidísimo por la acidez.
Ese es el extremo, pero hay muchos arroyos similares al Tinto. Nosotros trabajamos mucho en la desembocadura del río Tinto. Una de las cosas que más llama la atención en estos cauces es el color: los rojos, los amarillos del azufre. A veces, también el olor… Eso no es natural. La espuma que aparece en algunas aguas muchas veces son proteínas desnaturalizadas por el ácido.
Al consumo humano no llega. Hay control de metales en el agua potable. Podría hacerse con más frecuencia, pero se controla. Hace poco, por ejemplo, se publicó un estudio sobre esto. Compañeros de la Universidad de Huelva midieron metales en la uña del dedo gordo del pie, porque es la que más tarda en crecer—aproximadamente un año. Compararon los niveles en personas que viven cerca del polo químico y las balsas de fosfoyesos con los de quienes viven más lejos. Y encontraron que quienes viven cerca tienen más metales en la uña del dedo gordo. No es por el agua potable—eso está relativamente controlado en pueblos y ciudades—, pero si alguien bebe de un pozo sin control, es otro tema.
Molino Romano Fluvial en Guadiamar El problema es a través de los alimentos. Se analiza muy poco. En peces y marisco, casi nada. Solo en moluscos bivalvos, como las almejas, se hace con regularidad. Pero en peces y mariscos en general, casi no se analiza. Y por ahí sí puede llegar a las personas. Ahora, en el nuevo informe sobre los peces—que todavía no ha salido en prensa, pero ya lo estamos enviando a quienes están directamente implicados—se ve algo preocupante. Los niveles de plomo en los albures, los peces que se consumen en esta zona del Guadalquivir, superaron los límites permitidos por la Unión Europea para el músculo del pescado. Y la Junta de Andalucía no hizo nada.El 31% de las muestras estaban por encima del nivel permitido. Esos datos los envió la mina a la Consejería de Medio Ambiente… y ahí quedaron. La Junta no reaccionó. Existe un protocolo: la Consejería de Medio Ambiente debió comunicarlo a la Consejería de Salud y Consumo. Salud y Consumo debió abrir una investigación y pedir a la Consejería de Agricultura y Pesca que analizara para corroborar los datos. Si se confirmaban, posiblemente habría que haber emitido una alerta alimentaria. Pero no hicieron nada.
Mina La PoderosaYo veo—esto ya es una opinión personal, no un análisis científico—que la minería va a seguir avanzando, pero que vamos a ser capaces de ponerle palos en la rueda. Por ejemplo, ahora, con el vertido de la mina Cobre Las Cruces, está demostrado que hay un daño ambiental. Eso, penalmente, alguien tiene que responder. Hay un daño en los sedimentos. Demostrar que la contaminación en los peces viene directamente de la mina es más difícil, pero es muy posible. Va a haber victorias por parte de la gente que lucha contra la minería, pero la minería va a seguir avanzando.
Centro Ensayos, Entrenamiento y Montaje de Aeronaves no TripuladasAndalucía, en el siglo XXI, se va configurando cada vez más como un territorio de sacrificio. Y dependiendo de las luchas—más allá de la minería, aunque algunas pueden estar directamente relacionadas—, de las luchas sociales y políticas que haya… ya veremos si Andalucía acaba sacrificada o no. Pero la fuerza política y económica para seguir explotando las minas es enorme. Ahí está, por ejemplo, el caso de la mina de Las Cruces, donde había un límite de extracción de agua, pero se justificó como un "interés general".
También hay mucha desconexión de la gente, la mayoría de la gente en Andalucía, con el medio rural y la naturaleza. Entonces, si la lucha no viene—y yo creo que ahí está la clave—de los pescadores, de los mariscadores, incluso del sector del turismo… si no viene una lucha fuerte desde los agentes socioeconómicos, va a ser difícil frenar esto.Ya hemos entrado prácticamente en la fase de cambio climático abrupto. Eso significa que el sistema se autocalienta, independientemente de lo que haga el ser humano. Y el ser humano, lo que está haciendo, es seguir aumentando las emisiones de gases de efecto invernadero en un 1% anual. Es decir, nos vamos a finales de siglo con un calentamiento de entre 3 y 4 grados, si no más. Y si pasamos de los 4 grados, estamos hablando, muy posiblemente, del colapso civilizatorio. Sí, y quién sabe si de la extinción de nuestra especie en el siglo XXII. Dolmen de Soto y Silos San Benito de Candón
Si el calentamiento se queda entre 3 y 4 grados, estamos hablando de muertes. Así, sin más. Si no hay cambios sociales y políticos muy profundos, que superen el capitalismo y generen un gran reparto de riqueza, estamos hablando de la muerte de miles de millones de personas. Esto es muy serio, y está a la vuelta de la esquina, en una o dos generaciones. Huerta del Hambre
Los incendios son un ejemplo clarísimo. Más calor, más incendios. Y los incendios convierten lo que antes era un sumidero de carbono en una fuente de emisión. Con cada fuego se genera más CO₂ en la atmósfera, lo que calienta más, lo que provoca más incendios. Es un bucle de retroalimentación que se alimenta solo. Y es precisamente este tipo de bucles lo que nos ha metido ya, prácticamente, en la fase de cambio climático abrupto.
Y aun así, estos incendios no son nada comparados con los de las zonas intertropicales. En la Amazonía, en partes de África y en Indonesia, la deforestación masiva, unida a los incendios forestales, es un problema clave dentro de la crisis climática global.
Investigador de la ecología de marismas costeras, la restauración ecológica y las especies exóticas invasoras, entre otros asuntos de gran relevancia actual. Además aborda los efectos sociales y políticos del cambio climático. Trabaja en la Universidad de Sevilla.