Esta es una economía colonial, de colonia. Primero lo fue con alguna presencia francesa, pero luego, casi en su totalidad, la minería en Andalucía —especialmente en Andalucía Occidental, que es la que mejor conozco— quedó bajo control anglosajón, concretamente de la Commonwealth. El flujo de capitales en Andalucía responde a esta historia geopolítica.
Básicamente, estamos ante una economía colonial, o como dicen ahora algunos analistas, extractivista: se extraen grandes cantidades de recursos que se marchan fuera y aquí no queda ningún valor añadido. Y aunque "valor añadido" es un concepto de economistas en el que yo no creo, lo uso para hacerme entender.
El mayor grado de colonización que puede alcanzar un territorio no es solo ser explotado, sino no ser consciente de que es una colonia. Ese es el grado superior de la colonización. Otros pueblos colonizados saben que lo son, lo soportan e intentan resistirse. Sin embargo, en Andalucía no somos conscientes de nuestra propia condición colonial.
Todas las explotaciones cercanas al Odiel, como la mina La Poderosa, siguen la misma historia: cuando no llega ninguna empresa nueva a reabrirlas o reexplotarlas, quienes dependían de ellas o mueren o se ven obligados a marcharse. Esta es la historia de la minería aquí y en cualquier parte del mundo.
Si estudias la historia minera, verás que la demanda de mano de obra ha sido muy intensiva durante ciertos períodos, aunque cada vez menos, debido a la mecanización y automatización. Pero hasta mediados del siglo XX, fue una actividad altamente demandante de mano de obra, aunque se trataba de una mano de obra extremadamente precaria, sin derechos ni protección.
La minería reclutaba a los sectores más desfavorecidos, a los más pobres, a aquellos que, sin más alternativa, se veían obligados a emigrar. Bajar a una mina nunca ha sido atractivo para nadie. Esa historia de miseria, explotación, muerte, accidentes laborales fatales y desprecio no está escrita como debería. Gente que llegó sin nada, buscando un salario miserable a costa de arriesgar su vida y envenenarse, para que luego, al cerrarse la mina, tuvieran que hacer nuevamente las maletas.
Las administraciones se han apropiado del discurso de que la minería ha estado presente aquí desde tiempos inmemoriales. Para justificar su continuidad, repiten el relato de la "edad de los metales". Pero este argumento es tramposo. No solo aquí, sino en todo el mundo, desde Japón hasta el otro extremo del Viejo Continente, ha habido minería desde la Edad de los Metales. Pero la minería preindustrial no tiene nada que ver con la industrial.
Hasta finales del siglo XIX y principios del XX, la escala de explotación era infinitamente menor. En el caso de Andalucía Occidental, esto está demostrado y contrastado. Hay bibliografía con fuentes primarias que confirma que entre 1850 y 2000 se ha extraído tres veces más cobre que en todo el período que abarca desde el Neolítico hasta el siglo XIX. Es decir, estamos en una escala completamente diferente.
Sin embargo, este relato es útil para quienes buscan justificar la continuidad del saqueo. Llega a una ciudadanía ya predispuesta a aceptar cualquier cosa y que, como en la fábula del traje nuevo del emperador, se esfuerza en ver algo valioso donde en realidad no hay nada.
Félix Talego Vázquez es un experto en antropología social y un prolífico investigador sobre las interacciones humanas con el medio ambiente. Con una extensa carrera en la Universidad de Sevilla, su trabajo se centra en las dinámicas de la minería y su impacto en las sociedades y ecosistemas locales. A través de su enfoque crítico, ha logrado visibilizar las consecuencias de las estructuras de poder que perpetúan la explotación de los recursos naturales en Andalucía.