Laguna Intermitente de la Turmas. Parque Natural Las Peñuelas

Félix Talego sobre algunos lugares de Casa Quemada

Proyectos como el gasoducto Poseidón de Repsol, que es minería energética —otro tipo de minería, en este caso, de extracción de gas—, han demostrado en varias ocasiones, en toda esta zona de Andalucía Occidental, que las poblaciones son mucho más sensibles a aquellos residuos que llegan y son calificados formalmente como basura para un vertedero.

En Gibraleón, por ejemplo, hubo una movilización que duró un año y medio, con detenidos y huelgas de hambre, logrando frenar el primer intento de ubicar allí un vertedero, que finalmente se instaló en Nerva. En Nerva, la oposición se mantuvo durante tres años y dividió a la sociedad local y a las familias entre quienes estaban a favor y quienes estaban en contra de la instalación del vertedero.

En Aznalcóllar, un pueblo claramente pro minero, también se organizó una oposición que logró rechazar un proyecto de vertedero de neumáticos y una incineradora que, no sé si era exclusivamente para neumáticos o para otros residuos, pero que incluía neumáticos entre ellos. Sin embargo, las mismas poblaciones que rechazan estos vertederos asumen, e incluso con entusiasmo, la reapertura de minas, a pesar de que estas generan enormes cantidades de residuos con la misma toxicidad, o incluso mayor, que un vertedero industrial.

La minería arrasa, devasta y, por tanto, hace inviable cualquier otra alternativa de desarrollo, salvo en casos excepcionales como Riotinto, donde, con un fuerte apoyo institucional, se ha convertido en una atracción turística para visitar una zona devastada y muerta, un verdadero foco de muerte. No hay ninguna otra experiencia, a pesar de los intentos con apoyo público, que haya logrado siquiera consolidarse como una alternativa turística.

Es decir, una comarca minera queda condenada a seguir dependiendo de la minería o desaparecer. Mientras que en otros sectores las actividades pueden sustituirse o evolucionar, la minería, especialmente la de sulfuros —que es la que predomina aquí—, destruye el entorno y envenena las aguas, impidiendo cualquier otra posibilidad de desarrollo. Por eso, la gente que permanece en estas zonas solo espera la llegada de otra mina, porque, si no hay mina, no hay nada.

Esto es el chantaje del puesto de trabajo, un chantaje orquestado por la gran industria minera multinacional y respaldado por los gobiernos, tanto los anteriores como el actual, que comparten un consenso absoluto en su apoyo a la minería, abriendo completamente las fronteras a esta actividad sin exigir contrapartidas.

Félix Talego Vázquez

Félix Talego Vázquez es profesor titular de Antropología Social en la Universidad de Sevilla, con una vasta trayectoria en el estudio de las interacciones entre las sociedades humanas y su entorno. Su trabajo se ha centrado, a través de un enfoque crítico, en cómo las estructuras de poder influyen en la gestión de los recursos y en la sostenibilidad ecológica. En particular, su labor aborda las tensiones entre el desarrollo económico y la preservación del medio ambiente, un asunto central en la minería de Andalucía Occidental.

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